lunes, 17 de mayo de 2010

Nahui Nahualtin

"Tras torcer mi cabeza aquel terrible primer día, el Naualli se encontró con que me tenía en sus manos. Me dijo que no tenía idea de qué hacer conmigo. Pero una cosa era segura: no quería que una mujer gorda anduviera fisgoneando en su mundo. El Naualli decía que se había sentido frente a mí del mismo modo que frente a Fidencio. Desconcertado. Ninguno de los dos debía estar allí. Bien mirado, ambos éramos inútiles. Y míranos. Algo ha de haber sucedido.

"Una mujer, por supuesto, es mucho más flexible que un hombre. Una mujer cambia muy fácilmente con el poder de un mescalero. Especialmente con el poder de un mescalero con el Naualli. Un aprendiz varón, según el Naualli, es mucho más problemático. Por ejemplo, Fidencio cambió tanto como la Mescalera, y ella inició su aprendizaje mucho más tarde. La mujer es más dúctil y más dócil; y, sobre todo, una mujer es como un guaje: recibe. Pero, de todos modos, un hombre dispone de más poder. No obstante, el Naualli nunca estuvo de acuerdo con eso. Él creía que las mujeres eran inigualablemente superiores. También creía que mi impresión de que los hombres eran mejores se debía a mi condición de mujer vacía. Debía tener razón. Llevo tanto tiempo vacía que ni siquiera recuerdo qué se siente cuando se está llena. El Naualli decía que si alguna, llegaba a estar llena, mis sentimientos al respecto variarían. Pero si hubiese tenido razón, su Mescalera habría tenido tan buenos resultados como Fidencio, y, como sabes, no fue así".

No podía seguir el curso de su narración debido a su convicción de que yo sabía a qué se estaba refiriendo. En cuanto a lo que terminaba de decir, yo no tenía la menor idea de lo que había hecho Fidencio ni la Mescalera.

"¿En qué sentido se diferenció la Mescalera de Fidencio?" Le preguntó Dilian a Magaly. Ella la contempló durante un instante, como midiéndola. Luego se sentó con las rodillas recogidas contra el pecho.

"El Naualli me lo dijo todo. No tuvo secretos para mí. Fidencio era el mejor; es por eso que ahora no está en el mundo. No regresó. A decir verdad, era tan bueno que ni siquiera tuvo qué arrojarse a un precipicio al terminar su aprendizaje. Fue como Celestino; un día, cuando trabajaba en el campo, algo llegó hasta él y se lo llevó. Sabía cómo dejarse ir".

"¿Saltar a un abismo? Eso me parece demasiado inverosímil para ser real".

"Ese es el mundo del Naualli, sin duda. Nada en él es real. Él mismo me dijo que no creyera nada. Pero, a pesar de todo, los aprendices varones tienen que saltar. A menos que sean verdaderamente magníficos, como Fidencio. El Naualli nos llevó, a mí y a la Mescalera, a la Cueva de las Flores y nos hizo mirar al fondo del precipicio. Allí nos demostró la clase voladora de Naualli que era. Pero sólo la Mescalera podía seguirlo. Ella también deseaba saltar al abismo. El Naualli le dijo que era inútil. Dijo que los mescaleros femeninos deben hacer cosas más penosas y más difíciles que esa. También nos dijo que el salto estaba reservado a otros cuatro. Y eso fue lo que sucedió, los cuatro saltaron".

"¿De qué estás hablando?"

"Me refiero a Yef, Yolanda, Pablo y Rosaura, saltaron el mismo día".

"¿Rosaura? ¿Quién es ella?"

"¿No la conoces? Fue una aprendiz de don Gaspar…" Yo igual quedé perplejo, nunca había escuchado el nombre de Rosaura entre los mescaleros.

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martes, 11 de mayo de 2010

Kanp'éel iik'o'ob [Cuatro vientos]

"Un día, cuando nos encontrábamos en las montañas de su tierra natal, escuché el viento por primera vez. Penetró directamente en mi matriz. Yo yacía sobre una piedra plana y el viento giraba a mi alrededor. Ya lo había visto ese día, arremolinándose en torno de los arbustos; pero esa vez llegó a mí y se detuvo. Lo sentí como a un pájaro que se hubiese posado sobre mi estómago. El Naualli me había hecho quitar toda la ropa; estaba completamente desnuda, pero no tenía frío porque el viento me abrigaba".

¿Tenías miedo, Magaly?

"¿Miedo? Estaba petrificada. El viento tenía vida; me lamía desde la cabeza hasta la punta de los pies y se metía en todo mi cuerpo. Yo era como un balón, y el viento salía de mis oídos y mi boca y otras partes que prefiero no mencionar. Pensé que iba a morir, y habría echado a correr si el Naualli no me hubiera mantenido sujeta a la piedra. Me habló al oído y me tranquilizó. Quedé allí tendida, serena, y dejé que el viento hiciese de mí lo que quisiera. Fue entonces que el viento me dijo qué hacer".

¿Qué hacer con qué?

"Con mi vida, mis cosas, mi habitación, mis sentimientos. En un principio no me resultó claro. Creí que se trataba de mis propios pensamientos. El Naualli me dijo que eso nos sucede a todos. No obstante, cuando nos tranquilizamos, comprendemos que hay algo que nos dice cosas".

¿Oíste una voz?

"No. El viento se mueve dentro del cuerpo de la mujer. El Naualli dijo que se debe a que tenemos útero. Una vez dentro del útero, el viento no hace sino atraparte y decirte que hagas cosas. Cuanto más serena y relajada se encuentra la mujer, mejores son los resultados. Puede decirse que, de pronto, la mujer se encuentra haciendo cosas de cuya realización no tiene la menor idea. Desde ese día el viento me llegó siempre. Habló en mi útero y me dijo todo lo que deseaba saber. El Naualli comprendió desde el comienzo que yo era el viento del Norte. Los otros vientos nunca me hablaron así, a pesar de que he aprendido a distinguirlos".

¿Cuántos vientos hay?

"Hay cuatro vientos, como hay cuatro direcciones. Esto, desde luego, en cuanto a los mescaleros y aquellos que los mescaleros hacen. El cuatro es un número de poder para ellos. El primer viento es la brisa, el amanecer. Trae esperanza y luminosidad; es el heraldo del día. Viene y se va y entra en todo. A veces es dulce y apacible; otras es impertinente y molesto.

"Otro viento es el viento violento, cálido o frío, o ambas cosas. Un viento de mediodía. Sus ráfagas están llenas de energía, pero también llenas de ceguera. Se abre camino destrozando puertas y derribando paredes. Un mescalero debe ser terriblemente fuerte para detener al viento violento.

"Luego está el viento frío del atardecer. Triste y molesto. Un viento que nunca le deja a uno en paz. Hiela y hace llorar. Sin embargo, el Naualli decía que hay en él una profundidad tal que bien vale la pena buscarlo.

"Y por último está el viento cálido. Abriga y protege y lo envuelve todo. Es un viento nocturno para los mescaleros. Su fuerza está unida a la oscuridad.

"Ésos son los cuatro vientos. Están igualmente asociados con las cuatro direcciones. La brisa es el Este. El viento frío es el Oeste. El cálido es el Sur. El viento violento es el Norte.

"Los cuatro vientos poseen también personalidad. La brisa es alegre y pulcra y furtiva. El viento frío es variable y melancólico y siempre meditabundo. El viento cálido es feliz y confiado y bullicioso. El viento violento es enérgico e imperativo e impaciente.

"El Naualli me dijo que los cuatro vientos eran mujeres. Es por ello que los mescaleros femeninos los buscan. Vientos y mujeres son semejantes. Ésa es asimismo la razón por la cual las mujeres son mejores que los hombres. Diría que las mujeres aprenden con mayor rapidez si se mantienen fieles a su viento".

¿Cómo llega una mujer a saber cuál es su viento personal?

"Si la mujer se queda quieta y no se habla a sí misma, su viento la penetra".

¿Debe yacer desnuda?

"Eso ayuda. Especialmente si es tímida. Yo era una mujer gorda. No me había desnudado en mi vida. Dormía con la ropa puesta y cuando tomaba un baño lo hacía sin quitarme los calzones. Mostrar mi grueso cuerpo al viento era para mí como morir. El Naualli lo sabía e hizo las cosas así porque valía la pena. Conocía la amistad de las mujeres con el viento".

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miércoles, 5 de mayo de 2010

Dirección

"Un día me encontraba sola en la entrada de la casa", prosiguió Magaly. "Me estaba peinando al sol con el peine que me había dado el Naualli; no había advertido su llegada ni reparado en que estaba de pie detrás de mí. De pronto, sentí sus manos, tomándome por la barbilla. Lo oí cuando me dijo en voz muy queda que no debía moverme porque se me podía quebrar el cuello. Me hizo torcer la cabeza hacia la izquierda. No completamente, sino un poco. Me asusté muchísimo y chillé y traté de zafarme de sus garras, pero tuvo mi cabeza sujeta por un tiempo muy largo.

"Cuando me soltó la barbilla, me desmayé. No recuerdo lo que sucedió luego. Cuando recobré el conocimiento, estaba tendida en el suelo. El Naualli se había ido. Yo me sentía tan avergonzada que no quería ver a nadie. Durante una larga temporada di en pensar que el Naualli jamás me había torcido el cuello y que todo había sido una pesadilla".

Se detuvo. Aguardé una explicación de lo que había ocurrido. Se la veía distraída; quizá preocupada.

"¿Qué fue exactamente lo que sucedió, Magaly?" Preguntó Dilian, incapaz de contenerse. "¿Te hizo algo?"

"Sí. Me torció el cuello con la finalidad de cambiar la dirección de mis ojos", dijo Magaly, y se echó a reír de buena gana ante la mirada de sorpresa de Dilian.

"Entonces, ¿él...?"

"Sí. Cambió mi dirección", prosiguió, haciendo caso omiso de las inquisiciones. "Lo mismo harán contigo y con todos los demás".

"Es cierto. Lo harán conmigo. Pero, ¿por qué crees que lo hizo?"

"Tenía que hacerlo. Esa es, de todas las cosas que hay que hacer, la más importante".

Se refería a un acto singular que don Gaspar estimaba absolutamente imprescindible. Yo nunca había hablado de ello con nadie. En realidad, se trataba de algo casi olvidado para mí. En los primeros tiempos de mi aprendizaje hubo una oportunidad en que encendió dos pequeñas hogueras en los cerros de Oaxaca. Estaban alejadas entre sí unos seis metros. Me hizo situar a una distancia similar de ellas, manteniendo el cuerpo, especialmente la cabeza, en una postura muy natural y cómoda. Entonces me hizo mirar hacia uno de los fuegos y, acercándose a mí desde detrás, me torció el cuello hacia la izquierda, alineando mis ojos, pero no mis hombros, con el otro fuego. Me sostuvo la cabeza en esa posición durante horas, hasta que la hoguera se extinguió. La nueva dirección era la Sudeste; tal vez sea mejor decir que había alineado el segundo fuego según la dirección Sudeste. Yo había tomado todo el proceso como una más de las inescrutables peculiaridades de don Gaspar, uno de sus ritos sin sentido.

"El Naualli decía que todos desarrollamos en el curso de la vida una dirección según la cual miramos. Esa dirección termina por ser la de los ojos del espíritu. Según pasan los años esa dirección se desgasta, se debilita y se hace desagradable y, puesto que estamos ligados a esa dirección particular, nos hacemos débiles y desagradables. El día en que el Naualli me torció el cuello y no me soltó hasta que me desmayé de miedo, me dio una nueva dirección".

"¿Qué dirección te dio?"

"¿Por qué lo preguntas? ¿Acaso piensas que el Naualli me dio una dirección diferente?"

"Yo podré decirte qué dirección me dará a mí".

"¡No me importa! De eso luego me enteraré a final de cuentas".

Parecía estar agitada. "¿Qué más te hizo el Naualli?"

"Tras cambiar mi dirección, el Naualli comenzó, a decir verdad, a hablarme del poder. Al principio mencionaba cosas sin propósito fijo, porque no sabía exactamente qué hacer conmigo. Un día me llevó a una corta excursión a pie por los cerros. Luego, otro día, me llevó en autobús a su tierra natal, en el desierto. Poco a poco, me fui acostumbrando a ir con él".

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viernes, 30 de abril de 2010

Cambio

La mescalera se quedó de pie observándome, mientras que Dilian se acercaba y se sentaba a mi lado. Me sonrió: "Al fin hemos regresado, maestro…" Yo no dejaba de ver a la mescalera, me parecía tan hermosa. Su larga falda se arrastraba con el suelo, y eso me daba la impresión de que flotaba, pero no fue así, una ráfaga de aire hizo que descubriera sus pies descalzos, cuando me dio la espalda; luego de que nuestras miradas se cruzaron, la mescalera se despidió de Dilian como si yo no existiera en aquel lugar. Parece que soy un ente invisible, le susurré a Dilian, mientras veía alejarse a la mescalera. "Está bien, no hay problema, maestro, simplemente hemos hecho un viaje cansado, y está agotadísima; créeme, tendrás tiempo de hablar con ella".

Enarqué las cejas. No lo podía creer, que yo sepa, la mescalera se había ido así sin más, enojada por mis actos. "Mira, maestro…" Dilian puso un libro sobre mi regazo. Era un libro de Paulo Coelho, se llamaba “Manual del guerrero de luz”, al mirar la portada, miré a Dilian. "Aunque no lo creas, este tipo debe ser un mescalero como nosotros, parte de sus frases se parecen a nuestro conocimiento…" La miré muy extrañado; que yo sepa, Coelho escribía cosas demasiado moralistas, desde mi punto de vista, y más a fondo, escribía lo que la gente en realidad quería leer: asuntos de superación personal, cuestiones de mercadotecnia y sobre todo asuntos meramente lucrativos. No lo creo, le respondí a Dilian, e hice a un lado el libro, al reprocharle que ella siempre encontraba similitud de nuestro conocimiento en libros “best-sellers”. Después le inquirí sobre su viaje, sobre su ausencia, ¿adónde había ido?

Dilian con toda la paciencia del mundo me contó sobre su viaje exclusivo con las mescaleras. Descubrió al lado de la Mescalera, Magaly y Yolanda, asuntos sobre su energía y poder interno, gracias al viento. Yo la escuchaba concentradísimo hasta que de repente me sacó de mis cavilaciones, pues me dijo que Magaly, como Huizache, le habló mucho acerca del Naualli. Magaly hacía bastante tiempo que no la veía, recuerdo que la última vez fue en Huajuapan de León. Ella me llamaba mucho con el nombre de Yef. Dilian dejó escapar una risita burlona, y comenzó a relatarme su encuentro con Magaly.

"Es tiempo de que sepas que el Naualli no es humano". Me dijo Magaly. Dilian le preguntó qué le lleva a decir eso. "Jaja, tú sabes muy bien, que el Naualli es un demonio desde quién sabe cuándo".

Dilian admitió que las palabras de Magaly le hicieron estremecerse. Sentía batir su corazón. Era indudable que la Huizache no podía tener mejor interlocutora. Estaba infinitamente intrigada y le ro­gó que le explicase lo que había querido decir con eso.

"Su contacto cambia a la gente. Tú lo sabes. Cambió tu cuerpo. En tu caso, ni siquiera eras consciente de que lo estaba haciendo. Pero se metió en tu viejo cuerpo. Puso algo en él. Lo mismo hizo conmigo. Dejó algo en mi interior, y ese algo me ha ocupado por entero. Sólo un demonio puede hacer eso. Ahora soy el viento del Norte y no temo a nada, ni a nadie. Pero antes de que él me cambiara, yo era una mujer débil y fea, capaz de desmayarse con sólo oír su nombre. Un día, el Naualli y Celestino vinieron a la casa, cuando yo estaba sola. Los oí, rondando como jaguares, cerca de la puerta. Me santigüé; para mí, eran dos demonios, pero salí a ver qué podía hacer por ellos. Tenían hambre y con mucho gusto les serví de comer. Al Naualli, al parecer, no le gustó la comida; no quería comer nada preparado por una mujer tan decrépita y, con fingida torpeza, hizo caer el tazón de la mesa con un movimiento del brazo. Pero el tazón, en vez de darse vuelta y derramar todo su contenido por el suelo, resbaló con la fuerza del golpe del Naualli y fue a caer exactamente a mis pies, sin que de él saliese una sola gota. En realidad, aterrizó sobre mis pies, y allí quedó hasta que me agaché y lo alcé. Lo puse sobre la mesa, ante él, y le dije que a pesar de ser una mujer débil y haberle temido siempre, le había preparado la comida con cariño.

"A partir de ese preciso momento, la actitud del Naualli hacia mí, cambió. El hecho de que el tazón de sopa cayese sobre mis pies y no se derramara le demostró que un poder me señalaba. No lo supe en aquel momento y pensé que su cambio en relación conmigo se debía a un sentimiento de vergüenza por haber rechazado mi comida. No percibí de inmediato su transformación. Seguía petrificada y ni siquiera me atrevía a mirarle a los ojos. Pero comenzó a prestarme cada vez más atención. Inclusive, me trajo regalos. Eso me hacía sentir terriblemente mal. Tenía vergüenza porque creía que era un hombre en busca de mujer. El Naualli disponía de muchachas jóve­nes, ¿qué iba a querer con una mujer como yo? Al princi­pio no quise usar, y ni siquiera mirar, sus regalos. Tam­bién comencé a temerle más y a no querer estar con él a solas. Sabía que era un hombre diabólico. Sabía lo que había hecho a su mujer".

No pude dejar de interrumpirla. Le dije que jamás había oído hablar de mujer alguna en la vida de don Gaspar.

"Sabes a qué me refiero".

Créeme, Dilian, no lo sé.

"No me engañes. Sabes que hablo de la Mescalera".

No quise forzarla a que me diese más información.

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domingo, 25 de abril de 2010

Fin del preludio de un Desconocido

“Aquél es conocido por quien cree no poder conocerlo; quien cree conocerlo, en verdad no lo conoce.
“
Aquél no puede ser comprendido por quienes pretenden conocerlo, precisamente porque lo toman como un objeto de conocimiento, como ocurre con un simple dato del mundo exterior.
“
Aquél es comprendido por quienes saben que no pueden conocerlo, pues estos intuyen que es el Sujeto absoluto.
“
Aquél no puede convertirse jamás en objeto de conocimiento.”

Kena-Upanishad

Estoy esperando a que todo esto acabe. ¿A qué me refiero si nada acaba? Si pienso por un momento, las cosas que aparentemente finalizan, están comenzando realmente. ¿Entonces por qué inicio de esta manera si sé que todo lo que finaliza comienza?

Estoy aguardando el momento de descifrar las cosas. ¿Ustedes pueden creer que todo lo que aprendí como mescalero se desvanece, y regresa ese mal hábito de comportarse como hombre común? Es muy extraño. Sí. Como cuando un maestro toma un curso y adopta el rol de estudiante, y actúa como tal: distrayendo, portándose renuente como un jovencito, ¡caramba! Sí, divago, lo sé, pero a qué voy… Pues, que yo me comporté [desde la desaparición de Dilian] como un sujeto extremadamente infantil.

“La gente va y viene”, le escribí un día a África, una chica distante con la que pude volver a expresar sentimientos raros, distantes como ella. Viví un periodo de confusión, no sabía si caminaba dormido o soñaba despierto, casi estaba seguro que vivía secuencias creadas por mi mera imaginación; incluso, por ello, solía preguntar intempestivamente a la gente: ¿Sientes que eres real? ¿Te sientes viva? Dejando un aire de estupidez en el subtexto de la conversación, debido a la ausencia o la lejanía de mi mente en el contexto situacional de mis acciones.

Recordé algunos preceptos de la ley, y para esto, África me sirvió mucho de soporte, aunque al final, le di tanto asco por mis ineptas cavilaciones acerca del mundo, que dio por acabado nuestros encuentros. Sí, sintió repulsión porque le dije que después de todo no se preocupara por mí, puesto que en este mundo todos somos unos desconocidos, incluso nosotros mismos, pues cuando te descubres realizando algo que jamás creías realizar, te sorprendes de ti mismo.

Bueno, lo menciono porque hasta con mis alumnos lo dije: Soy un desconocido. Vivo en un mundo en el que todos son unos desconocidos. Nadie termina conociendo a nadie, y sobre todo esa clásica frase de “cónocete a ti mismo”, es imposible, ¿por qué lo digo? Pues, porque jamás lo haremos, ni siquiera con un pariente o mucho menos con otra persona; fingimos conocer a una, como cuando le decimos: Híjole, no sabía que te gustaba la música de Madonna. Claro, si no se lo preguntamos o conocemos su reacción, jamás nos enteraríamos, pero el verdadero verbo que deberíamos aplicar sería el siguiente: IMAGINAR. “No me imaginaba que te gustaba la música de Madonna”.

Ahora voy comprendiendo [quizá ya tarde] el valor de la amistad. Voy comprendiendo también que no conoces a la persona totalmente [sé que finges hacerlo], sino que le das confianza de aunarla a tu microuniverso. Le das la oportunidad de existir y coexistir. Caray, decirle a África que era un desconocido fue un error garrafal. Basta de sutilezas.

Tras presenciar de lejos ese pequeño trance, mi doble regresó a mí. Fue cuando reapareció Dilian; sí, regresó, y me di cuenta que muchas cosas habían sucedido como si las hubiera soñado. Sin embargo, Dilian no reapareció sola, venía acompañada de otra persona.

Sí, una persona que se había ido así nomás: la mescalera. Y concluyo: viví una ilusión todo este tiempo, [cuando Dilian reapareció] me di cuenta que la mescalera se trataba de la misma persona. Sí. No era mi imaginación, no era una obsesión de ver aquel rostro en todas las personas.

¿Qué?

Espero no confundirles, pero la mescalera siempre había sido [la mujer que tanto amaba] una Huizache.

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viernes, 19 de marzo de 2010

Tarea

Al verificar la regla del naualli, don Gaspar dedujo que inevitablemente se acercaba el tiempo de una nueva casta de mescaleros, a los que han denominado los videntes modernos.

¿Hay alguna peculiaridad en la composición luminosa de esos mescaleros?

“No. En todas las épocas el patrón energético del hombre ha sido muy homogéneo, así que la organización de la partida es la misma. Sin embargo, los mescaleros actuales están experimentando en su luminosidad un corrimiento hacia el verde, lo cual significa que están recuperando características propias de los antiguos videntes. Esto es algo imprevisto, aunque de seguro está contemplado en la regla.

“La verdadera diferencia entre los videntes del pasado y los de ahora es de comportamiento. Actualmente no estamos sometidos a las mismas represiones de épocas anteriores y, por lo tanto, los nauallis tienen menos restricciones. Esto claramente tiene una finalidad: la divulgación de la enseñanza.

“A mí me ha tocado vivir en un momento de renovación. Mi cometido es cerrar con llave de oro la línea del naualli y abrir posibilidades a quienes vengan después. Por eso he dicho que soy el último naualli de mi linaje, no en un sentido absoluto, sino en un sentido de cambio radical”.

En este punto, don Gaspar hizo un corte en su exposición y me recordó una plática que habíamos sostenido al principio de conocernos.

En aquel entonces yo le pedí que me contara historias de poder. Él me respondió que no podía negarse a mi solicitud, pero que entregarme esas historias sin antes encaminarme, habría sido trivializarlas.

“Espero que lo que has visto durante estos años colme tus expectativas. Hice lo que pude, teniendo en cuenta tus limitaciones y las mías. Sé que ya has comenzado a educar a tu doble de ensueños y eso garantiza que puedes seguir por ti mismo; tu doble no te dejará en paz hasta que llegues a tu totalidad. La parte teórica ha terminado y es tiempo de hacerte un último regalo”.

El tono entre familiar y solemne con que don Gaspar me dijo estas palabras hizo que concentrase toda mi atención.

“La enseñanza final dice que la relación que contrae con el intento toda persona que se acerca al naualli ocupa su lugar, cualquiera que este sea, dentro del contexto total de la regla. Así que no estás solo, los nauallis esperan algo de ti.”

¿Qué cosa? Le pregunté, un poco desconcertado. Me explicó:

“Todo mescalero tiene una tarea. La tuya es que cumplas con lo que te encargó el espíritu; ése es tu camino al poder.”

¿Y cuál es esa tarea?

“Bueno, tu misión personal es algo que la voz del espíritu te comunicará algún día. Sin embargo, al entregarte la regla del naualli, yo estoy siguiendo una estrategia a largo plazo elaborada por mis antecesores y eso te compromete con el intento de mi maestro.

“Lo que se espera de ti es que digas a quienes te rodean: ‘¡Ustedes son libres, pueden volar por cuenta propia! Ya tienen la información necesaria, ¿qué más esperan? Actúen impecablemente y verán cómo la energía encuentra un modo de encauzarse'.

“Avisa a todos que, a partir de la culminación de mi linaje, el conocimiento ha quedado abierto. Cada mescalero es responsable por sí mismo y puede proveerse de la oportunidad mínima, que es organizar su propia partida”.

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miércoles, 10 de marzo de 2010

Escritura creativa

Para no pecar de soberbio, y ayudar a aclarar dudas a algunos de los lectores, creo que es necesario explicar el término "Escritura creativa", puesto que no tengo nada qué hacer, y puesto que hace mucho que no subo un post, me pareció interesante compartir la siguiente información, y esto va también dirigido al que se pregunte lo mismo al leer el subtítulo del blog. Bueno, le doy gracias al pequeño quisquilloso por darme un motivo para regresar a este pequeño lugar. Y Por cierto, si aún tienen dudas sobre Dilian, ni yo mismo sé qué habrá ocurrido con ella. Al final, todos retornamos a los malos hábitos, bien diría Loreto.

Bueno, he aquí la definición:

La escritura creativa es aquella, de ficción o no, que desborda los límites de la escritura profesional, periodística, académica y técnica. Esta categoría de escritura incluye la literatura y sus géneros y subgéneros, en especial, la novela, el cuento y la poesía, así como la escritura dramática para el teatro, el cine o la televisión.

En este modo de escritura prima la creatividad sobre el propósito informativo propio de la escritura no literaria.

Algunas de sus formas

•Poesía: Por tradición se refiere a la pasión amorosa, la lírica en general, y especialmente la contemporánea; ha abordado tantas cuestiones sentimentales como filosóficas, metafísicas y sociales.

•Narrativa: Si bien bajo la perspectiva semiológica, la narración se puede realizar con cualquier clase de signos, la lingüística considera que un "texto narrativo" responde a una clasificación basada en la estructura interna donde predominan secuencias narrativas. Estas secuencias se construyen mediante el [signo lingüístico] (lo que deja fuera el carácter narrativo de una pintura, una pieza musical o una escultura).

•Cuento: Si bien siempre se ha usado este termino para los cuentos infantiles, la realidad demuestra que en su mayoría es un género de adultos. Aunque en muchos puntos se asemeja a la narrativa, en el cuento pueden darse licencias que nunca ocurrirían en narrativa. Por ejemplo, muchos cuentos de [Charles Bukowski] omiten el tradicional Inicio, Nudo, y Desenlace.

•Teatro

•Ensayo

Uso del término

El término "escritura creativa" se encuentra asociado muy frecuentemente con la enseñanza de la práctica artística o literaria de la escritura, siendo una traslación del concepto inglés de nombre idéntico: "creative writing".

La escritura creativa es enseñada habitualmente en talleres, con preferencia sobre los seminarios. En los talleres los estudiantes someten su trabajo original a la crítica. Los posibles programas pueden ser bastante variados, comprendiendo aspectos editoriales, de técnicas literarias, sobre géneros, sobre recursos para la inspiración o contra el bloqueo, etcétera.

Este tipo de enseñanzas ha sido poco frecuentada en los países de habla hispana, si bien en los últimos 10 años algunas ciudades como Madrid, Sevilla o Buenos Aires cuentan con cierto número de talleres y centros de enseñanza de escritura creativa con distintos perfiles y objetivos.

En los países anglosajones, donde hay más tradición en la asistencia a este tipo de clases, es frecuente encontrar escritores reputados que han pasado por estos procesos formativos, entre otros: Kazuo Ishiguro e Ian McEwan.

... Espero haya logrado aclarar cualquier duda.

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