viernes, 26 de febrero de 2010

Crítica

"Y dónde chingados esta el tal Dilan, o Dilian -hasta el nombre "Dilian", me dice lo mucho de occidentalizado de usted, le hubieras puesto Canek o Boxito-, cuya puta historia me dio hueva leer mas ayá de dos palabritas de telenovela de mi abuela? En serio, mi cámara prehispánico, mejor dedícate a otra cosa y no a esta pendejada. Solo quiero que me expliquez una cosa, duendesito del mallab. Ha ver, vato, explícame esto. Qué significa "Este es un lugar en el que puedo practicar mi escritura creativa"??? En primera, pregúntate y respóndete: ¿Es creativa estas pendejadas que tú dices que es escritura? ¿Es creativa? ¿No crees que eso no tu lo decides? ¿No crees que pecas de soberbio? ¿Te crees el próximo Cervantes? mal, muy mal, créeme, no todo el mundo son tus hermanas o tu amacita...Atentamente, tu conciencia..." (sic y recontra sic)

un anónimo insatisfecho



Lo mismo me he preguntado, dónde habrá quedado Dilian después de todo este tiempo. No debería pensar en ella, cada quien tiene su propio camino por recorrer. Pero es interesante preguntar qué hacen los demás cuando tú estás sentado, o estás durmiendo.

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martes, 9 de febrero de 2010

Lacónico...



"Poco después, el silencio desciende danzante, empieza a penetrar en cada uno de los pliegues de mi cerebro, como un insecto que desovara. Abro los ojos, los cierro. Se mezclan ambas oscuridades, voy separándome del receptáculo llamado yo".

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sábado, 23 de enero de 2010

Humidus somnus

Hace poco le había hablado a Dilian acerca de la tristeza y el estado de ánimo de un mescalero. La funcionalidad de estar triste, el dolor. Hicimos la clásica analogía de que el hombre, para tener un transición, un verdadero cambio, tenía que padecer un dolor terrible. Así como cuando brota la vida, o cuando nace un recién nacido. La madre sufre al parirlo, el niño nace llorando. ¿Qué es la tristeza? Dilian entonces aplicó la recapitulación de su vida, y en ese momento anotó todos los momentos tristes, verdaderamente tristes, y se percató de que aquella tristeza le había hecho un cambio enorme como persona.

Cuando Dilian se fue, cerré los ojos para mirar las escenas que aún se mantenían frescas en mis recuerdos. Me di cuenta de que todo era distinto, había algo de tristeza en esas escenas, pero yo no lograba sentirlas como debería. No era nada extraño, y no era porque me hiciera el fuerte. De repente, tras recordar con detalle la fiesta de despedida que le hicimos al profesor Niño, Dilian apareció sentada a mi lado. Me preguntó qué hacíamos los dos en aquel lugar gris. Le respondí que estaba en mis recuerdos.

Dilian no dejaba de sorprenderme. Me dijo que ella había decidido dormir unos minutos antes de dedicarse a sus labores. Llegó súbitamente a la conclusión de que estaba soñando. Para ser exactos estábamos ensoñando. "¡Entonces puedo actuar de acuerdo a mi voluntad! Puedo hacer que estemos en este momento en mi cuarto!", y en efecto, en el mismo tiempo que lo decía, Dilian y yo estábamos en su cuarto. Jamás había conocido un cuarto tan ordenado. Al ponerme de pie, y acercarme a la ventana para abrirla, Dilian me gritó que no lo hiciera. Le desobedecí, y lo curioso fue que no pude ni siquiera tocar los bordes de la ventana. Parecían ser de líquido. Dilian soltó una carcajada: "Después de todo, estamos en un sueño. ¿Eres realmente TÚ? ¿O eres parte de mi sueño húmedo?"

Me extrañó sobremanera la pregunta de Dilian; ella asentía como si leyera mis pensamientos: "Sí, me gustas... Y es agradable de que si esto es un sueño, y lo puedo manipular a mi antojo... tengo ganas de hacerlo contigo". Al escuchar a Dilian, tragué saliva. Dilian comenzó a desvestirse; corrí hacia ella y la detuve. Le dije que se tranquilizara, que esto no se trataba de un sueño, yo estaba consciente de que así era. Estábamos ensoñando, y la energía corría entre nosotros. Cuando la tomé de las manos para que no se quitara la ropa, recordé que en las anécdotas de las mescaleras, algunas tendían a enamorarse perdidamente de los nauallis.

Y cuando pensé en esto, los brazos de Dilian se me escurrieron entre los dedos. Todo lo que tocara alrededor era líquido. Dilian me miraba pícaramente, y me decía: "disculpa, pero te lo digo en serio... me gustas. Yolanda me había hablado sobre tus infructuosos intentos por tener novia... cosa que después comprendí: lo tenemos prohibido... el amor. Así que esto no sería más que un desliz nuestro, ¿no es así?" Negué con la cabeza, como mescaleros nada se nos podía prohibir; nada ni nadie podía ponernos límites en nuestro camino. Dilian asintió, y entonces acercó sus carnosos labios a los míos. Estaba a punto de seguirle el juego, cuando mejor, decidí levantarme. Le dije que era imposible. "No lo entiendo. ¿Qué te sucede?" Suspiré y le dije a Dilian que me disculpara. "Si nadie nos pone límites... ¿Por qué te limitas?"

Le di la espalda a Dilian, y viéndola desde su espejo le dije que no era cuestión de gusto. Que mis fracasos no se debían simplemente a mis extrañas maneras de acercarme a una mujer; yo estoy consciente del ser que soy: un naualli. Y esto mismo provocaba repulsión a las chicas, quizá el grado de impecabilidad... la seriedad de mis palabras al intentar convencerlas... Dilian se acercó y me tomó de la mano. "Quiero sentirme completa..." Le estrujé la mano al escuchar decir aquello. Viré, y con la palma de mi mano golpeé a Dilian en el plexo solar. La oscuridad se presentó ante nosotros, Dilian viajó a miles de kilómetros en el infinito y cuando despertó, se dio cuenta que tenía una enorme quemadura entre su esternón y su ombligo. "¿Qué me has hecho?"

No quise darle esta vez explicaciones, sólo le dije de manera escueta que un naualli tiene prohibido las relaciones sexuales con el fin de ahorrar su energía. "Eso es una idiotez". Sólo recurrimos a las relaciones sexuales, cuando tenemos una fuga energética, en este caso los dos prescindimos de ella. "Es por eso que tienes que actuar como imbécil..." Me acerqué para levantar a Dilian, y sucedió de nuevo: su brazo parecía líquido. Le solicité que dejara de actuar así; Dilian sólo me miró con el ceño fruncido, al parecer estaba a punto de desbordar de coraje. Le pedí que comprendiera. "¿Acaso hay alguien especial a quien quieres? Si es así, dímelo por favor" Guardé silencio, y me senté frente a mi aprendiz; la miré y luego cerré los ojos. "Responde..." Esto no es un sueño Dilian. Me parece absurdo todo esto. No sé cómo... No sé qué logras ver en mí... Y antes de que me respondiera, con la ayuda de mi voluntad, me convertí en el jaguar de fuego. Tomé vuelo, corrí hacia ella, y la atravesé, quedando capturado en su interior. Alcé la potencia de mi llama, hasta que Dilian ardió internamente, dejando que su cuerpo fuera consumido por el fuego. Reía, gritaba, algo eléctrico, una fricción energética le producía una enorme delectación, hasta que cayó desfallecida.

Cuando abrió los ojos, me vio y sonrió. Le pedí que descansara. Ella no lo sabía, pero se había adelantado al mundo del ensueño.

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viernes, 1 de enero de 2010

Huidizos

Me encaminé hacia la librería, sobre la acera húmeda y entre la gente encarrerada. El centro de la ciudad me parecía más que un tránsito de sombras, una enorme colmena, o quizá una marcha excesiva de hormigas. Al entrar a la librería, revisé libros en cada estante, buscando algo para entretenerme. Y fue ahí donde me encontré de nuevo a Dilian, justamente frente al estante de esoterismo; revisaba un pequeño libro de bolsillo acerca de los upanishads. Cuando me vio, no hubo ninguna reacción de alegría o de sorpresa. Simplemente me observó y me dijo: "Este libro me recuerda a muchas de las cosas que me cuentan todos ustedes". En efecto, yo secundaba con ella.

Le pregunté cómo estaba, cómo le había ido últimamente, y me respondió de manera escueta que se encontraba triste. Me explicó que comenzaba a decepcionarse por la actitud de Yolanda. Alcé las cejas fingiendo sorpresa, y le pregunté cómo estaba Yolanda; me dijo: "Me enoja, no tiene nada de ética. Cuando te menciono, ella siempre te critica. Dime, ¿no te parece mal lo que hace? Si estoy en un proceso de aprendizaje, y yo estoy tan emocionada con todo esto, al decirme que eres un imbécil, y de que no te tomara tan en serio, sino que aprendiera a no cagarla... en fin, me parece muy mal".

Solté una gran carcajada, que hasta la dependienta se nos quedó mirando. Tomé del brazo a Dilian, y le dije que caminaramos a la explanada de la bandera a sentarnos en la sombra. Creo que era el momento adecuado para señalarle una nueva tarea. Le dije que no se enojara con Yolanda. Quizá era el momento preciso para revelarle y recordarle que los mescaleros jamás deben darle importancia a las cosas. Le hablé acerca de la importancia personal. Le dije que Yolanda la estaba aguijoneando. En realidad el enojo es porque les damos importancia a los actos de los demás: Un mescalero sabe que nadie le hace nada a nadie; que uno mismo se hace daño con la gente y con los sentimientos. "Llegó la hora de que tú y yo nos volvamos huidizos".

Dilian me miró confundida. Le expliqué que para que ella aprendiera a hacerse huidiza, tendría que aplicar el desapego, tener el menor contacto con la gente, en pocas palabras, tendríamos que volvernos inaccesibles con la gente. No correríamos en su búsqueda, sino que dejaríamos un puente tendido para los que quieran encontrarnos, lo atravesaran y convivieran con nosotros. A Dilian le pareció una idea descabellada, y le dije que yo también había pensado lo mismo cuando me pidieron desapegarme de todo. "No estarás sola, Dilian, en este caso, los mescaleros estaremos a tu disposición cada vez que tengas una duda. Pero es necesario que aprendas a convivir con la soledad. Llegó la hora de que todo lo que te he dicho lo llevemos a la praxis. Esto no es broma: debes prepararte incansablemente a través de una férrea disciplina; debes fortalecer tu cuerpo y perfeccionar tu espíritu; a partir de ahora tu campo de batalla es el mundo y la vida cotidiana".

"Sí, todo eso lo entiendo, pero... ¿Qué debo hacer para perfeccionar mi espíritu?" Me preguntó Dilian, y le respondí que tenía que actuar de manera inflexible en la búsqueda de tal perfección, y que para ello, debe mantener siempre una actitud ante la vida y las cosas de la vida que le permita liberarse del miedo, de la ambición, de la queja y la tristeza.

"Entiendo. Pero dime, ¿no te molesta que ella hable así de ti? Me dice que te quejas por todo con la gente, incluso con ellos". Asentí y le dije que para que la gente no sospechara de lo que somos, tendemos a actuar de una manera... "anormal" o de plano, de manera "estúpida". Tenemos el desatino controlado, es una manera de despistarlos. Por ejemplo Yolanda, ella actúa contigo como una persona agresiva, yo actúo quizá de una manera quejumbrosa, pero no en esta ocasión, no contigo, sino con la gente común. El desatino controlado sirve para despertar en ellos reacciones que tú como aprendiz, o ya sea como naualli, te servirán como defensas. Yo lo utilizo para poder crear "diálogos", y conocer reacciones. Cuando se me ocurre comentar sobre frases típicas o modos de interacción, me dicen que al paracer tiendo a analizarlo todo...

"¿Me enseñarás a utilizar ese desatino controlado?" Sí, pero primero tendrás que ser huidiza. Huidiza no significa ser cobarde, significa que jamás te pondrás en medio del camino cuando sabes que viene frente a ti un autobús, etcétera. Es una excelente habilidad, que una vez dominada, sabrás a lo que me refiero, y eso tendrá que ver con tu poder personal... Dilian me miró fijamente, asintió en silencio y me dijo: "Creo que regresaré a la librería, ¿me acompañas?"

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sábado, 26 de diciembre de 2009

Deformaciones

Hace algunos días, Dilian me llamó por teléfono para decirme que había practicado todo lo que le había señalado. Me preguntó si podíamos vernos para comentar acerca de sus avances como aprendiz. Le dije que no había problema, es más, yo mismo la invitaba a cenar. Sinceramente, como maestro de esta chica, sentí que la había descuidado. Digo, es mi primera aprendiz, pero todo el trabajo no lo llevo yo, están otros mescaleros que complementan su aprendizaje.

Una vez pedida nuestra orden aquella noche, Dilian comenzó a hablar y me dijo que estaba sorprendida que accediera a la cita, y más para conversar sobre sus avances, ya que los mescaleros le decían que no era necesario explicar las cosas. Pensó que yo era un maestro especial para ella. Le dije que era todo lo contrario, me gustaba escuchar a la gente, y yo igual que ella, durante mi aprendizaje tendía a explicar todo lo que me sucedía. Incluso, en ocasiones, Loreto me instaba a que le comentara de lo sucedido tras alguna práctica, pues si no lo hacía, Loreto me tomaría a loco.

Hablamos de bastantes cosas, incluso hablamos de mi trabajo. De repente, Dilian quedó callada y me dijo lo que realmente le estaba sucediendo, y que al mismo tiempo le espantaba. "Me sucede algo extraño. Mientras me concentro en lo que tengo que hacer, la gente..., de repente, cuando miro a mi alrededor dejo de discernir quién es quién y todos me parecen deformados... como ahora, en este momento".

Me sorprendió sobremanera, no porque fuera algo desconocido o nuevo para los mescaleros, sino porque Dilian había forzado, empujado su esencia más allá de lo que un aprendiz tenía que hacer. Un aprendiz aún no podía llegar a semejante visión. Rápidamente comprendí que Dilian tenía bastante potencial. Cuando terminó de explicarme, su mirada reflejaba miedo, y al mismo tiempo exigía una explicación. Suspiré y le di unas palmaditas a su mano izquierda para que se tranquilizara.

Le dije que en efecto, ella estaba viendo a la gente tal y como tenía que ser, era el primer proceso para poder romper la imagen de sí y ver la verdadera esencia de la energía. Le dije que no debería espantarse, puesto que no estábamos practicando en esos momentos para corregir nuestras deformaciones, sino para acostumbrarnos a ellas. Uno de nuestros problemas es la incapacidad de reconocerlas y aceptarlas. Al igual que todos los seres humanos, tenemos un modo peculiar de andar, de sentir, de pensar y de ver las cosas. Por más que intentemos corregirlas, jamás lo conseguiremos. Y al contrario, si intentamos corregirlas a la fuerza, únicamente lograremos que se resientan otros aspectos.

Dilian agachó la cabeza y musitó algo entre dientes. Le pregunté qué pasaba, y recordó un punto de la ley de que aunque un mescalero se aferre al cambio, jamás cambiará. Sonreí, y Dilian señaló: "Tal vez somos incapaces de adaptarnos a nuestras deformaciones. Por lo tanto, posiblemente no podamos aceptar el dolor y el sufrimiento reales que provocan. Somos mescaleros para huir de todo ello, ¿no es así? Mientras seamos mescaleros, no haremos sufrir a los demás ni los demás nos harán sufrir a nosotros. Pues todos nosotros sabemos que "estamos deformados". Creo que eso es lo que nos distingue del mundo exterior, común, como me has dicho. En él mucha gente vive sin ser consciente de sus deformaciones, pero en nuestro mundo, la deformación es la premisa. La llevamos en nuestro cuerpo, al igual que los indios llevaban en la cabeza las plumas que indicaban la tribu a la que pertenecían. Vivimos en silencio para no herirnos los unos a los otros".

Solté una carcajada, no de burla, sino que me sorprendía bastante la manera en que Dilian se expresaba. Le dije que todo eso se resumía a una simple cláusula: Para un aprendiz no existe nada ofensivo en los actos y pensamientos de sus semejantes, siempre y cuando él actúe dentro del ánimo correcto. Le dije que una de las actividades que solía hacer un mescalero, era llevar un diario en el que anotara todo lo que creía fascinante. Dilian asintió y dijo que eso mismo hacía.

Miré el reloj del lugar y le dije a Dilian que era momento de partir, que nos volveríamos a encontrar en otra ocasión. Pagué la cuenta, y Dilian me dio un abrazo. "No sabes cuánto me ayuda comentarte todo esto. Gracias". Volví a sonreír, y le di unas palmaditas en la espalda.
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domingo, 13 de diciembre de 2009

Retraído

Ya estaba advertido. La soledad sería muy rígida en esta época. Me senté a ver caminar la gente aquel día, y recordé, con una imagen muy clara, las fotos más recientes que descubrí de ella. Fotos del mes de octubre. Y pensé, es curioso cómo puede existir un sentimiento tan semejante. Ver a una persona y sentir algo tan "delicioso", y que al mismo tiempo te "amargue". Sí, me refiero a esa sensación, o deseo de estar con esa persona, pero sabes que no puedes, porque...

Sentí que el hábito de escribir o describir las cosas se me escapaba, bueno, no es que sea hábil escribiendo, pero esas ganas de escribir algo, lo que sea... ya no se ostentaba en mi ser. Así que tuve que recurrir a mi fuente de inspiración: la música. Un sonido de guitarra, un tema de Maaya Sakamoto... "Kotomichi"... Kanjou ha dare ni osowaru demo naku (A nadie le enseñan sobre los sentimientos) Mochiawaseru mono na no ni jibun de sae (Incluso uno mismo nunca puede clasificar bien) itsumo umaku bunrui dekinai (los que lleva dentro) Odayaka de kowakute tsuyokute azayaka de (Tranquilamente, con miedo, con fuerza, radiantemente) sore o tada ukeireru dake (simplemente aceptamos eso)...

Pensarás qué significa todo eso... nada. Trato de definir las cosas, pero realmente no valen la pena, me siento como el mito de Sísifo... sí, la filosofía del absurdo. He prometido tantas veces intentar acercarme y decirte... pero desisto, y lo sabes, lo tienes muy en cuenta. Quizá estoy esperando una correspondencia tuya, pero igual que tú, sé que no pasará. Porque, o los dos somos tímidos, o sinceramente no nos necesitamos. ¿Para qué necesitarnos? Tú eres feliz tal como eres ahora, yo soy infeliz por buscarte, pero, ¿no es eso lo que me hace feliz? ¿lo que hace sentirme menos absurdo?

Me acomodo en esa banca, y disfruto de mi compañía, mientras veo el teatro de la vida, en el que todos se saben mudamente sus roles y sus movimientos. Uno esquiva a otra persona, otro desea ser rozado por otra persona. Uno mira, y la otra esquiva la mirada. Uno grita, otro se traga sus palabras, otro se le hace un nudo en la garganta, y otro no sabe expresar lo que está sintiendo. Sí, soy un retraído más. Disfruto de mi compañía con la soledad.

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lunes, 16 de noviembre de 2009

Un último pensamiento...

“pero yo sólo sentía una soledad profunda, indescriptible. Sin darme cuenta, el mundo que me rodeaba había perdido definitivamente sus colores. Desde aquella cima mísera de ruinas vacías de sentimientos pude vislumbrar mi propia vida extendiéndose hasta un futuro remoto. Se asemejaba a las desoladas escenas de planetas deshabitados que aparecían en las ilustraciones de las novelas de ciencia ficción que leía de pequeño. No había ninguna señal de vida. Los días eran todos terriblemente largos, la temperatura de la atmósfera era o tórrida o gélida. El vehículo que me había llevado hasta allí había desaparecido sin que yo me diera cuenta. No podía ir a ninguna otra parte. Lo único que podía hacer era ir sobreviviendo en aquel lugar valiéndome de mis propias fuerzas.”

Sputnik, mi amor. Haruki Murakami

De alguna u otra manera, me quedé sorprendido por la cantidad de tiempo disponible que me quedaba tras las horas de trabajo. Sorprendido, porque no requería comprimir el tiempo. Tras las horas de planeación y dar clases, me quedaban horas para leer. Salir con los amigos a escuchar sus agradables aventuras, tomando nota furtivamente para algún relato que quisiera imaginar. El resto del tiempo me la pasaba viendo alguna que otra película, o disfrutando de algún soundtrack... y ese era mi sorpresa, o quizá mi espanto, algo andaba mal. Pensé, si era aburrido... ahora lo soy más. Sin embargo, tras las cosas que en realidad disfrutaba, había olvidado algunas que eran frecuentes, no un hábito, pero sí una distracción, como escribir, por ejemplo. Pensaba que leyendo quizá podría adquirir una nueva destreza, como por ejemplo: no caer en los lugares comunes.

Me miré en el espejo y detecté algo diferente en mi faz. Cuando vi más allá de mis pupilas encontré gente con la que convivía día a día. En resumen, no me siento el mismo desde aquella vez en que todo se había cerrado. Ella me trata con deferencia, pero supongo que tal actitud es para marcar una línea en la que ni ella ni yo podemos atravesar. Decidí resignarme, qué más da, respeto sus decisiones. Un mescalero sabe que espera y sabe lo que espera. He tenido ciertos planes que me encantarían ponerlos en marcha. Y creo que ya es hora de comenzar con ellos, una nueva fase para un naualli... Cada día las palabras se me van de la mente y me he convertido en un ser sin ganas de conversar... de describir...

Fue lo último que pensé, cuando me vi frente a mi aprendiz. Entonces, le dije: "Para poder aceptar este cargo, he tenido que volver a sacrificar lo que tanto he deseado. No me mal interpretes, no te estoy reprochando nada, sino que te estoy demostrando, de acuerdo con todo lo que te he dicho acerca de este sendero, lo que un mescalero está dispuesto a hacer: vivir en la soledad. El infinito te ha puesto ante mí, y los demás están de acuerdo en que yo te enseñe en este mundo lo que te hará sobrevivir. Has muerto, y lo sabes; entre todos los mescaleros te hemos revivido. Tú eres mi primera piedra angular para reestablecer el linaje de los nauallis: mis maestros.

"Sí, tengo un trabajo; una vida a la que podríamos decir que me ata a lo mundano, sin embargo, es todo lo contrario: es la manera de sobrevivir. Ahora he cancelado mis amistades, más no mis hábitos de interacción, y esto es sólo para poder enseñarte. Lo mismo tendrás que hacer, para que aprendas todo lo referente a nuestro mundo... ¿estás dispuesta?"

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